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Wu wei: el difícil camino de la disciplina
Ensayo, Catherine Black, Jun 18, 2007

Hace poco un compañero de mi escuela de kung fu me pidió mi opinión sobre la relación entre wu wei y la disciplina. Wu wei es un concepto clave del Taoismo que se puede traducir como “sin acción,” y que se puede interpretar como la idea de “hacer sin esfuerzo”, "acción sin acción”, “no resistir”, “fluir con la corriente”, o actuar en armonía con el universo. Muchas de las teorías y aplicaciones que utilizamos para nuestro entrenamiento como estudiantes de un arte marcial parten del concepto de wu wei, pero también sabemos que estudiar y mejorar en cualquier arte requiere mucha disciplina.

Así que la contradicción aparente entre wu wei y disciplina presenta varias preguntas dentro del contexto de la práctica: ¿Hasta qué punto es útil la disciplina? ¿Cuando se convierte en contra-productivo “hacer un esfuerzo,” o entrenar rigurosamente? y, ¿Cómo se logra la “acción sin esfuerzo” tipificada en el concepto de wu wei? Las siguientes son unas reflexiones mías que surgieron durante una conversación electrónica que tuvimos sobre el tema:

Libertad
Cuando me pregunto que es lo que hace que el concepto de wu wei sea tan atractivo para mí, tengo que admitir que es la promesa de libertad que implica: liberarme del esfuerzo, liberarme de la mente y su análisis constante, liberarme de los deseos, de la ansiedad, de la duda. Más que nada, es la libertad de la autoconciencia—del sentido de mí misma como algo separado del mundo y de la gente en torno mío, y por ende incompleta porque los necesito para sentirme satisfecha.

Uno ve este tipo de libertad, natural y sin esfuerzo, reflejado en bebés recién nacidos que todavía no saben distinguirse de sus alrededores y por eso están siempre completamente, profundamente presentes.

Irónicamente, nuestra autoconciencia es lo que define nuestra humanidad, y a la misma vez lo que nos atrapa en una jaula mental que constantemente nos desasocia del mundo y de la gente que nos rodea. Supongo que ese liberarse de uno mismo es también la gran libertad que tantas tradiciones religiosas, prácticas místicas, y escuelas filosóficas intentan entender, lograr, y explicar.

Tal vez si pasara toda mi vida vagando sola por los grandes espacios vacíos que una vez cubrían gran parte de este planeta, podría olvidarme de mi autoconciencia. En la ausencia de otros humanos, te olvidas de tu propia humanidad y puedes integrarte con la naturaleza: un entero tan inmenso que te borra y te libera de identidades externas o culturalmente asignadas y te deja ser nada, nadie, en ningún lado. Tal vez los legendarios sabios chinos sintieron algo así y lo expresaron en su arte, poesía, el Tao Te Ching—todos ellos archivos que todavía nos fascinan hoy día mientras buscamos la manera de aplicarlos a nuestra experiencia contemporánea.

He sentido este "autoborramiento" a veces, sola en un bosque o algún lugar desolado, pero siempre vuelvo a mi propio reflejo cuando vuelvo a la civilización. En ese reflejo veo mis deseos y mis ansiedades aparecer otra vez, y de estar unida con la tierra y el cielo vuelvo a intentar, luchar, y dudar dentro del mar caótico de la humanidad otra vez. Para mí el verdadero desafío no es olvidarme de mi autoconciencia cuando estoy sola, pero aprender como despejarme de ella cuando estoy entre la gente.

Presencia y profundidad
Entre las pocas personas en las cuales he visto algo que se acerca a este estado de actuar sin esfuerzo, muchos probablemente ni siquiera saben o les importa el término wu wei. Estas personas no son monjes ni yogis, pero son instantáneamente reconocibles por el grado de presencia que emanan e instalan dentro de sus entornos. Puede ser que sea el carnicero en el mercado, o el artista que vive su arte de tal manera hasta convertirse en él inconscientemente, o la abuela que sobrevivió a todos sus hijos y sin embargo emana un amor deslumbrante.

Hablando con, o a veces simplemente observando tales individuos, enseguida me transmiten un sentido muy concreto de quiénes son y de la realidad que crean, porque su presencia es prácticamente palpable. Están completamente presentes y son completamente ellos mismos en un momento dado, sin esfuerzo ni duda. Cuando me pregunto que es lo que les da tanta claridad y solidad de presencia, generalmente la respuesta parece ser un conocimiento profundamente interno e íntimo de algún aspecto de su vida. Quizá para el carnicero es su oficio y su rol en la comunidad; para el artista es su habilidad; para la abuela, puede ser su capacidad sinfín y comprobada de cuidar a otros.

Lo que esta gente aparentemente ha hecho es cultivar la profundidad. Creo que existe cierto tipo de sabiduría que sólo proviene de saber y explorar algo hasta tal punto que se convierte en algo únicamente tuyo, una expresión singular de quien eres. El vehículo para internarte en esta profundidad podría ser cualquier cosa, desde cortar carne hasta practicar tai chi. No tiene que ser únicamente irse a meditar encima de una montaña, aunque ese probablemente sería un buen lugar para intentarlo. Lo que sí parece necesario es un conocimiento suficientemente profundo de alguna actividad para que se convierta en algo que dejamos de “hacer,” y se convierte para nosotros sólo en cuestión de ser. Ésta es la esencia de wu wei.

Trabajo y disciplina
Entonces ¿cómo cultivo tal profundidad? Creo que las alternativas son: o comprometerme con una tradición espiritual bien comprobada en pos de la iluminación, o elegir un oficio, una capacidad o una actividad y explorarla tan profundamente que eventualmente puedo experimentar wu wei a través de ella. En estos días la primera opción es cada vez menos accesible y generalmente llena de gurús falsos y promesas vacías. Y por eso la segunda opción es más pragmática para la mayoría. Lo lindo de wu wei es que se puede lograr a través de un abanico infinito de actividades, pero el resultado final es el mismo: la experiencia de hacer sin esfuerzo, olvidarse de uno mismo, armonía con el universo en un momento dado. La única salvedad es que requiere mucho trabajo.

Para profundizarnos, tenemos que crecer. Sin crecimiento no hay vida, y sin trabajo no hay crecimiento, porque crecimiento—aún en las leyes matemáticas de la física o en los principios orgánicos de la biología—implica el gasto de energía y esfuerzo. La herramienta para lograr esto es la disciplina. Sin disciplina, el trabajo se convierte en una dispersión inconsciente de energía sin propósito. Con la influencia organizativa de la disciplina, yo desarrollo la constancia para atravesar mis barreras personales y crecer continuamente, conscientemente, en vez de quedarme estancada en la parálisis existencial que amenaza a tanta gente que entra en las aguas peligrosas de la auto-investigación.

El valor del compromiso
De todos modos, tengo que seguir adelante y tengo que estar comprometida. Sin la disciplina se nos hace demasiado fácil flotar de una oportunidad a otra, una persona a otra, cambiar de un camino posible hacia la iluminación a otro. Hoy día estamos cada vez más inundados de opciones infinitas y programados a pensar que "más es mejor".

Pero no nos enseñan a comprometernos con una elección y explorarla bien.

Un ejemplo puede ser el amor. El primer instante de amor contiene una sensación tan absoluta e intensa que parece que nunca perderá su brillo. Y sin embargo, la persona que amás después de un tiempo te empieza a irritar, a aburrir, o hasta a repelar si no consiguen seguir creciendo juntos. Dentro de muchas parejas, las dos personas permanecen confiadas y ciegas por el placer del comienzo. Pero una persona empieza a crecer por un lado mientras la otra crece por otro sin darse cuenta, y pronto se acaba la relación.

Es más fácil amar, dejar y volver a amar que seguir amando a una persona toda la vida. Es más fácil quedarte ensimismado en tu propio ser que hallar al otro en un punto intermedio sobre el puente de la comunicación, la paciencia, y la aceptación. Esto último implica una disciplina y un esfuerzo que la mayoría de la gente no está dispuesta de llevar a cabo (o no tienen la suficiente disciplina para hacerlo). Pero como wu wei, el amor envuelve una promesa, una atracción tan antigua como es humana. Todos buscamos el amor—muchos más de los que buscan la libertad o la iluminación. Y una vez que comenzamos la búsqueda seria, no se puede volver para atrás.

Pensamientos finales
Para mi todo esto no quiere decir que uno tiene que estar trabajando, sudando, y sufriendo todo el tiempo. La disciplina no existe sin soltarse, como el trabajo no existe sin el descanso. Al final uno no puede estar despierto si uno no duerme antes, y la calidad del trabajo se desploma el momento que uno deja de descansar. Hay que cuidarse contra las obsesiones que nos llevan a hacer cosas que amenazan nuestra armonía interna. Saber sentir y respetar esa armonía es un logro muy grande y una faceta de la disciplina que mucha gente no explora suficientemente.

Entonces como yo la veo, la disciplina es el camino y la libertad un destino que tal vez nunca conocerás en un sentido absoluto, pero es una meta que me da aliento y inspiración para seguir caminando. Si te lanzás a caminar y buscar, hay que seguir para adelante, a encontrar el placer y sudor en el andar. Pero por suerte durante el camino, te ocurren momentos de libertad, de wu wei, de absorción total, de transcendencia, de pureza, de paz. Y en realidad, eso es suficiente...ya es mucho.

Nota de la autora: Gracias a Bruno por catalizar estas reflexiones.

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